(Contexto).
Hoy es un día hermoso, y el sol brilla como pocas veces ha brillado en este año.
La fecha es 6 de noviembre, fecha que espero no olvidar y para evitar ello es que me he rendido a escribir. A escribir lo que se me pase por la cabeza; a escribir lo que siento. A dejar de alguna manera memoria de lo acontecido para no olvidar jamás lo que hice; y si algún día en el futuro debiera de hacer lo mismo, tenga recuerdo de que ya antes lo había hecho para así tener la fuerza, la entereza y la dignidad que hoy tuve.
Hoy ella se fue. Su rostro era otro, no sé si era de alegría o de nada. Lo único claro es que su rostro estaba distinto, y de alguna mágica manera al verla supe que hoy iba ser un día distinto al resto tanto para ella, como para mi. Su día era el retorno al punto de partida, al punto de donde partió todo; en cambio, mi día era la llegada al final, era el cierre de todo y el comienzo de una nueva era.
Ambas – quizás - a medida que pasa el día de alguna forma pensamos en lo que fue, en lo que quedó, y en lo que vendrá. Yo pienso en lo que dejo atrás, en lo que ya no volverá, pero que fue. No me arrepiento de haberlo vivido intensamente, de haberlo disfrutado, sólo me arrepiento de como termino, de no haber cerrado todo antes, de haber esperado demasiado tiempo – que al fin y al cabo necesitaba -...tiempo.
Llegó a mi casa, él prefirió hablar fuera, caminar dijo por las calles de nuestro sector. Caminar por donde siempre caminábamos. Pidió la palabra, y dijo que el quería partir, que por favor no lo interrumpiera , que lo dejara. Lo mire y asentí, pero dentro de mi no dejaba de pensar lo poco que me conocía, era obvio que me hizo salir para evitar que yo me sintiera cómoda y lo "agrediera" de alguna forma, porque de algún modo sabía que en la vía pública no haría nada.
Yo necesitaba sentir algo, no sabía qué quería sentir...pero sólo sentir ALGO. Estaba tranquila, sin pena, ni odio; estaba feliz porque al fin... el día había llegado y terminaría mi calvario.
Empezó justificándose con el accionar de la conversación fuera de casa, aludió a que el día estaba hermoso y valía la pena aprovecharlo – no le creí -. Después me miró y dijo que ambos sabíamos para que era la conversación, que era para terminar lazos – no dije nada -, dijo que él tenía dos motivos para hacerlo: que él no iba a juntarse con alguien que no aceptara a su novia, y que nuestros caminos se separaron hace rato. Por fin mi turno... por fin dije lo que quería ...
Rescato la forma en que se dio, como una conversación amena, sin gritos ni nada – aunque eso hubiera sido patético-. Me alegro personalmente de mi entereza, de mis fuerzas, de no haber titubeado, ni nada...pero me dio lata, porque sentí que él se arrepentía de lo que decía, porque vi sus ojos llenos de lágrimas, porque me abrazo con una fuerza que jamás había sentido, porque al final me vino a dejar a la casa y se quebró; porque después que yo entré a mi casa mire por una ventana, y lo vi a él parado en la esquina, y sentí que miraba con dolor lo que dejaba atrás.
Ni eso, ni lo otro logro hacerme sentir mal, ni con pena, ni culpable, sólo me dio lástima por él...nada más. Creo que a él le duele todo, haber dejado a quienes quería, creo que a veces él se arrepiente y duda, yo por mi lado hace rato que no me arrepiento.
Con esto confirme que nuestra amistad – por lo menos para mi- hace rato murió, porque ni sus lágrimas de cocodrilo me hicieron sucumbir.
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